Fabada para adelgazar, más viviendas para la crisis.

José Manuel Naredo es uno de los intelectuales con conocimiento en esto del urbanismo y la vivienda al que sigo con interés desde hace años, y con quien suelo compartir bastantes criterios y opinión. En el Público de hoy escribe un artículo cuyo contenido es aplastante, evidente, irrefutable. Os invito a leerlo completo, pero para hacer boca entresaco únicamente su inicio:

«Cuando el aquelarre constructivo del último decenio ha acabado provocando en el país un notorio exceso de edificios y viviendas que la población no alcanza a comprar ni a alquilar, el reciente paquete de medidas reafirma la decisión de que el Estado compre suelo a las empresas inmobiliarias para promover la construcción de 200.000 viviendas, esta vez de precio protegido. Es como si al obeso enfermo de indigestión se le da como remedio una buena fabada. Semejante despropósito, soslayado en el debate sobre el estado de la nación, obliga a recordar que diagnosticar bien los males del organismo económico es el primer paso para aliviarlos, en vez de agravarlos gastando en ello el escaso dinero público disponible. El problema estriba en que los intereses inmobiliarios imperantes pesan tanto que a veces prohíben ver lo evidente: que el pasado boom inmobiliaro ha desplazado el problema desde la escasez de viviendas y locales hacia el exceso y desocupación de los mismos, haciendo que España tenga ya más viviendas y más kilómetros de autopistas e infraestructuras per cápita que todos los países de la UE.»

Tordesillas_plaza

La conclusión, más que afirmación es pregunta, ya formulada antes por aquí: ¿es necesario crecer más, cuando lo evidente es la sobresaturación del parque inmobiliario? ¿No será más razonable y eficiente aprovechar lo ya existente, darle uso, antes de seguir inflando la burbuja y el stock ladrillero? La solución, pienso yo -y parece que también Naredo– creo que iría por la vía de potenciar la rehabilitación, la regeneración urbana y la puesta en valor del patrimonio edificado. Y en ningún caso, seguir cebando al enfermo de sobrepeso hasta que reviente…

 

(La imagen es de la plaza mayor de Tordesillas, tomada en Agosto de 2008)

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