Obispos falangistas en campaña. Yo también soy anticlerical.

Paris notre dame SenaJavier Ortiz, en su colaboración diaria en Público, ha escrito el artículo que -llevo días rumiándolo- me gustaría haber escrito a mí. Lo transcribo, lo aplaudo, lo suscribo y se lo agradezco. Y añado que el título de la columna de Javier Ortiz está muy bien elegido: el dedo en la llaga.

«Los señores obispos matizan: ellos no sostienen que sea moralmente reprobable dar el voto a un partido que haya “dialogado” con terroristas; lo inaceptable –dicen– es votar a un partido que haya “negociado políticamente” con terroristas. Se ve que sus eminencias estaban pensando en el Gobierno de Adolfo Suárez, que negoció la desaparición de ETA político-militar concediendo a sus integrantes contrapartidas políticas. Porque, que yo sepa, los demás gobiernos de España han hablado con ETA de todo un poco (en Argel, en Zúrich, en Bayona, en Escandinavia, en Santo Domingo…), pero sin llegar jamás a nada concreto.

De todos modos, ¿quién establece dónde termina el mero diálogo y empieza ya la negociación política? ¿La Conferencia Episcopal?

Durante años tuve en la pared de mi despacho una vieja fotografía –muchos estudiosos de la Guerra Civil la recordarán– en la que se ve a varios generales y oficiales franquistas posando en la entrada de una catedral acompañados de unos cuantos obispos y clérigos que levantan el brazo (los obispos y los clérigos, no los militares) haciendo el saludo fascista. En total hermandad. Nadie puede acusar a la jerarquía católica española de entonces de haber negociado políticamente con una banda de golpistas criminales: se echó en sus brazos por puro amor, sin negociar nada. Pero, en cambio, el Vaticano sí negoció, y mucho, y muy políticamente, con las autoridades del III Reich. ¿Será inmoral votar a un partido que se lleva a partir un piñón con una Iglesia que negoció políticamente y colaboró con un régimen genocida?

He conocido a lo largo del tiempo a muchos curas, e incluso a varios obispos. Sé que entre ellos hay de todo: desde gente excelente y entregada a las causas más nobles hasta personajillos repulsivos, a quienes, si les das la mano, lo mejor que puedes hacer es ir a lavártela cuanto antes. No generalizo.

En castellano, la palabra “anticlerical” tiene dos posibles sentidos. Es anticlerical quien se enfrenta al clero en masa, sin distingos. No es mi caso. Pero también se define como anticlerical a quien rechaza que el clero trate de condicionar los asuntos políticos. Ése sí es mi caso.»

(Imagen de mi último viaje a Paris, Diciembre 2007. Notre Dame, desde el Sena. Muy medieval. Muy clerical religioso.)

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10 respuestas a Obispos falangistas en campaña. Yo también soy anticlerical.

  1. Hilario Ideas dijo:

    Es obvio que la izquierda está utilizando sus ataques contra la Iglesia Católica para movilizar a su electorado más radical, así como cortina de humo ante el deterioro político y económico que padece nuestro país, no podemos pasar por alto la nueva serie de insultos y falsedades con las que los socialistas tratan de ridiculizar y amordazar a los católicos.
    El socialismo, en sus distintas vertientes, fue durante el siglo XX una religión laica. El endiosamiento del líder, su culto y exégesis, el santoral, los mártires, sus evangelios. Esa fe en el paraíso venidero que no fue más que un feo muestrario de dictaduras. Pero ya lo dijo Richard Pipes, aquel socialismo no fue una idea que salió mal, sino una mala idea. De esta manera, destrozado el templo soviético de la religión laica socialista, y marchito el Estado socialdemócrata, la izquierda se ha dedicado a pergeñar una nueva religión, una cosmovisión alternativa que le confiriera identidad.
    El discurso anticatólico siempre ha dado buenos resultados para los manipuladores de mentes desde la Revolución Francesa. Dicho discurso, más bien lo llamaría dialéctica demagógica de analfabetos, se ha implantado siempre en regímenes totalitarios (Nacionalsocialismo de Hitler, Comunismo de Stalin, de Pol Pot y otros indeseables del siglo XX) coincidentes todos con el desprecio a la vida y la libertad.
    Siempre he creido que la Iglesia ni debe instituirse en Estado ni debe mezclarse con los órganos políticos porque no resulta legítimo utilizar la fuerza para imponer una determinada fe o moral. La verdad sólo puede prevalecer a través de la persuasión, nunca mediante la coacción.
    Opino que la Iglesia debe cubrir sus gastos exclusivamente con sus bienes y las aportaciones voluntarias de católicos y afines.También debe aplicarse esto para los Sindicatos, Partidos Políticos, ONG, etc, etc.
    Como liberal, sostengo que cualquier persona tiene derecho a gestionar su propiedad del modo que considere más adecuado, sin que ningún agente externo pueda sustraérsela para alcanzar fines supuestamente superiores. Rechazo la sumisión y dependencia financiera de la Iglesia a una estructura coactiva, el Estado, cuyo objetivo consiste en la absorción, nacionalización y control de la fe católica.
    El catolicismo no puede perpetuarse a la sombra del Estado, precisamente porque su mensaje es de libertad y no de esclavitud. Cuanto más se acerque la Iglesia al Estado, como sabiamente observó Ratzinger, más se desnaturalizará y corromperá.
    La Iglesia, entendiéndola como el conjunto de todos los católicos, tiene entidad y autonomía suficiente para impresionar al mundo con su minuciosa coordinación sin necesidad de ningún tipo de asistencia estatal.
    Es curioso cómo la izquierda, obsesionada por que el Estado controle todos los recursos de la economía, se rasga las vestiduras cuando ese mismo Estado que con tanto ahínco han promovido, los destina a partidas que no le gustan.
    La misma izquierda que defiende que los demás no deben tener derecho a gastar su dinero, quiere alzarse con el derecho a gastar el dinero de los demás. La protesta se convierte en una pataleta de niños malcriados: rompo la baraja cuando no me gusta cómo se desarrolla la partida.
    Es cierto que la Iglesia, aun cuando tenga una aspiración universalista, no representa a toda la población y que, por tanto, sólo quienes sientan una especial vinculación a ella deberían contribuir a su financiación. Ahora bien, este razonable argumento no se concilia bien con la indigesta hipogresía de la izquierda. Si la Iglesia no debe recibir financiación porque no nos representa a todos, ¿qué asociación debería recibirla?
    Una cosa es que la Iglesia debería autofinanciarse, otra muy distinta que los chupópteros profesionales de este país, las cigarras del cuento, los expertos en vivir del prójimo, embolsarse subvenciones y exigir prestaciones a costa de la cuenta corriente ajena, vengan a darnos lecciones de liberalismo.
    Ahora bien, esta necesaria separación entre la fe y la violencia no significa que la Iglesia debe quedar anestesiada ante cualquier fenómeno político o social. Como institución privada, la Iglesia tiene pleno derecho a combatir y denunciar todas aquellas manifestaciones que considere incorrectas u ofensivas para la sociedad o para el pueblo de Dios.
    De hecho somos muchos, laicos y católicos, los que creemos en la necesidad de que la Iglesia se vuelva más beligerante con los poderes políticos. Los católicos deben enfrentarse contra un Estado que sólo pretende absorberlos y reducirlos a su más mínima expresión, contra un Estado cuyo objetivo último siempre ha sido matar a Dios y ocupar su lugar.
    Todos sabemos que el catolicismo baña por así decir, a la sociedad, como se muestra en sus monumentos, creencias y expresiones populares, arte y actitudes, de modo semejante a como numerosos judíos de Israel no son religiosos o se proclaman ateos, pero siguen siendo culturalmente judíos. Incluso el odio apasionado profesado al catolicismo por un número considerable de españoles, que ha desembocado en tiempos recientes en una de las persecuciones religiosas más sangrientas de la historia, expresa de modo negativo ese hecho histórico. Aunque, obviamente, el catolicismo predominante en la sociedad, la cultura y la historia del país no significa que todos los habitantes lo compartan ni que deban compartirlo para considerarse españoles.
    La obsesión por la Iglesia católica no es propia de no creyentes, sino de beligerantes en el terreno de las creencias. Selectivos, eso sí. Hostigan a las que no se orientan de acuerdo a su conveniencia, mientras que, como buenos laicistas de pacotilla, piden respeto para los islamistas que imponen la teocracia, vulneran los derechos humanos y no dan carta de ciudadanía a las mujeres. Con los ayatolás, alianza de civilizaciones y con los católicos, a muerte. Debeis saber que de haberse impuesto Al Ándalus, habría hecho de España lo mismo que de las sociedades cristianas del norte de África o de Oriente Próximo: poco más que arqueología
    La descomposición ideológica del socialismo español ha conducido a un desentierro de señas de identidad caducas. El anticatolicismo hace resonar viejos odios y rencores, concentra resentimientos y satisface a los gurús de la secta.
    En el camino, mientras la derecha ha conseguido aglutinar a liberales y conservadores en torno a unos métodos, principios y valores comunes, la izquierda sigue aún en construcción. Sólo eso explica su culto a la Z, al santoral de supersabios incluido Al Gore, los evangelios de Suso de Toro y demás apóstoles, la promesa del Estado plurinacional y el paraíso de la Alianza de Civilizaciones. Y prometen 400 euros a cada votante/cotizante si ganan las elecciones porque no son capaces de quitar el andamiaje de su nueva religión, que se nutre de lo políticamente correcto en este preciso segundo y de una larga lista de tópicos vacíos.
    El resultado es que a la izquierda le irrita que la contradigan, que opinen sobre esas cosas que cree irrefutables, inefables y progresistas. Porque es, en definitiva, la vieja política, esa de la que decía Ortega que sólo pretendía la captación del Gobierno de España, frente a la nueva, preocupada por el aumento y fomento de la vitalidad de la sociedad española.
    Hilarioideas@hotmail.com
    «Puede que no esté de acuerdo con su opinión, pero lucharé para que nadie le impida expresarla»
    MOVIMIENTO LIBERAL

  2. mitxel dijo:

    Notre Dame, desde el Sena. Muy medieval. Muy clerical.)
    Ni idea de lo que es Notre-Dame para los parisinos, oiga.
    Y debajo del parvis se rezaba hace más de dos mil años a los dioses paganos, los de la tolerancia.

  3. fernando_mh dijo:

    Ilumínenos, don mitxel. Que para eso está este invento. Si sabe usted lo que significa para los parisinos (¿para todos los parisinos significa lo mismo…?), estaré encantando de recibir su opinión. Le adelanto que, a pesar de haber vivido cuatro veranos completos en París, reconozco que es posible que me haya equivocado al aplicar el calificativo de «clerical» a Notre Dame. Porque, efectivamente, no todo lo religioso, por muy religioso que sea, es necesariamente clerical. De hecho, humildemente, rectifico: sustituyo el «muy clerical» por «muy religioso» en la entrada original. Pero insisto, si quiere usted transmitirnos algo de su sabiduría, yo estaré encantado, dispuesto a aprender, sinceramente.
    A Hilario Ideas no le voy a responder. Eso de poner parrafadas-comentarios «estandar» -copia-y-pega- en todo blog rojeras que se encuentre por la blogosfera no me parece demasiado aceptable. Es más, me estoy pensando si esto debería tener la misma consideración que cualquier otro vulgar spam o correo no deseado…

  4. mitxel dijo:

    No es mi misión en esta tierra iluminar a nadie, compañero Fernando, eso se lo dejo a los que tanto gustan hacer profesión de su fe o de su no-fe. Sólo era una pequeña crítica a ese turismo cámara en ristre que se olvida de las personas y juzga a los demás desde la perspectiva de la España cateta de sacristía o la más negra de monaguillo violado.

  5. fernando_mh dijo:

    Tienes toda la razón, mitxel. Nos engaña (me engaña) la perspectiva, la visión deformada por la cultura aprendida, desde la España clerical, al visitar otras realidades que nada tienen que ver con la nuestra. Qué cerca, pero qué lejos estamos.
    Lo de «cámara en ristre» lo acepto como un halago, no como otra cosa. Me gusta hacer fotos, sí, cierto. Pero de turista, poco, intento viajar y mezclarme con las personas, aprender sobre cómo viven, más que la superficialidad de las postales. Quizás no lo consiga, pero lo intento siempre.
    Aceptada la pequeña crítica, de verdad, te agradecería -si puedes- que te extendieras más en esas diferencias sobre la concepción clerical-anticlerical que se dan en las realidades sociales francesa y española, que hacen tan distintas -desde el punto de vista social- la catedral de Burgos y Notre Dame de Paris. Yo no me veo con suficiente ciencia para hacerlo, y seguro que tú tienes más conocimiento del tema. Me interesa el asunto.

  6. mitxel dijo:

    Lo que pretendo explicar, Fernando, y al parecer sin mucho éxito, es que presentar a Notre-Dame como un símbolo religioso es un patinazo típical spanish, pues estas cuestiones de la laicidad las dejó solucionadas la revolución francesa hace algo más de doscientos años… Ventajas de una República laica sobre la monarquía del vivan las caenas.
    Aquí hay progres de todo tipo: como Bono y Paco Vázquez, lamiendo culo episcopal; o como los cristianos de base que van pregonando su condición al tiempo que reclaman laicidad;o como los tolerantes que confunden un estado aconfesional con un estado multiconfesional y nos piden que también financiemos sinagogas y mezquitas, y dejemos que las niñas acudan a clase con velo; luego están los que confunden el estado laico con el estado ateo, convirtiendo la laicidad en una religión más.
    Es eso, una cuestión de cultura.
    En Francia no ocurre, al arzobispo de París no le conocen ni en su casa, y las cuestiones íntimas se quedan en la esfera privada.
    Si vuelve por París, intente hacer la misma foto de la trasera Notre-Dame desde la isla de San Luis (por motivos puramente estético-laicos, no religiosos), es una vista soberbia.
    Y felicidades por mezclarse tan fácilmente con los ariscos parisinos. Reconozco que tiene su mérito.
    Y lo dejo ya, no vaya a ser que además de un hilario ideas, tengamos un mitxel txapas.
    Gracias en todo caso por su paciencia.

  7. mitxel dijo:

    Un último abuso de su paciencia: tras la comuna de París, las fuerzas de la contrarrevolución construyeron el mamotreto del Sacre-Coeur sobre la colina de Montmartre que domina París, así, en plan chulo… una contradicción del laicismo y el buen gusto parisinos no haber dinamitado la santa víscera….

  8. fernando_mh dijo:

    Gracias a tí, mitxel, por el esfuerzo didáctico ;-). Aunque parezca no haber tenido éxito, creo que lo que explicas se entiende perfectamente. Au moins, j’en suis sûr.
    La foto que me sugieres (que creo que también perpetré), y alguna otra más desde los puntos de vista más inverosímiles, las reservo para próximos articulitos, como acostumbro: las píldoras fotográficas que acompañan estos textos habitualmente -ya lo has visto- no tienen mucho que ver con éstos, pero es una manera como otra cualquiera de dar salida a mis intentos de captar la belleza en un fotograma y compartirlos (los intentos), y tienen la ventaja de que los no-derechos de autor los deja de controlar un servidor de ustedes, en vez de pirateárselos a un tercero.

  9. fernando_mh dijo:

    No es abuso, mitxel. Siéntase como en su casa, siempre que quiera, sobre todo si aporta puntos de vista, conocimientos, opinión y experiencia en sus comentarios (ni insultos, ni txapas de corta-y-pega…) Más bienvenido todavía si sus comentarios son discrepantes; asentidores profesionales y brazos de madera ya tenemos de sobras, aunque a veces parezca lo contrario.
    (…y sí, siempre me había preguntado qué pinta el Sacre-Coeur, que le viene a Paris como a un cristo dos pistolas, o como el tricornio a B16; gracias de nuevo por la referencia)

  10. mitxel dijo:

    Lo del Sagrado Corazón fue una pequeña venganza (que llamaron desagravio), pues los de la Comuna quisieron incendiar Notre-Dame… mucho mejor los revolucionarios de 1789 que utilizaron la catedral como almacén, dando pruebas de un espíritu mucho más prosaico y práctico (burgués), sólo comparable a la construcción del puente de Bastilla con las piedras que formaban los muros de la vieja prisión…
    Y una última confesión: le he saltado en el post porque de usted leí hace años en el defenestrado Egin el mejor artículo nunca escrito en defensa del pequeño comercio, como defensa de un modelo de ciudad que apelaba a los orígenes del burgo como lugar de intercambio comercial, es decir, como centro también de intercambio cultural y social. Las catedrales nacieron en ese contexto. Me parecía contradictorio encontrar ahora Notre-Dame reducida a su condición de símbolo religioso.
    Nada más.
    Espero poder seguir saltando. Gracias por todo.

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