Tocomocho Bank of Europe.

Paris tuilleries mots croissés– Oiga, don Trichet, que no tengo liquidez, que me tiene usted que prestar unos dineritos si quiere que yo conceda créditos a empresas y particulares, eso sí, póngamelos baratitos, ¿eh?

–  Pero… ¿ya se han fundido ustedes los chiquicientos mil millones que les presté hace unos meses? La verdad, no se ha notado ni leches. El personal sigue lamentándose, diciendo que no conceden crédito ni a dios, y que en los raros casos que lo conceden, es con unas condiciones leoninas y a unos intereses usureros que son de escándalo…

– Bah, habladurías. Infundios. Es que mire, que teníamos unos agujeritos que tapar, ya se acuerda usted, lo de las burbujas y las subprime y los paquetes estructurados,… y ya sabe, si nuestros balances no cuadran, pues nos vamos todos a esparragar… Bien sabe usté, don Trichet, que nosotros, lo que se dice querer, querríamos dar crédito, que es nuestro negocio, pero es que la cosa está mu malita, y qué le voy a contar, primero los de casa, y luego ya veremos, y a nadie le conviene que caiga ningún banco, y nuestras cuentas tienen que aparecer limpias y aseadas, que nadie diga que no somos responsables en la administración de los dineros de nuestros clientes, además, mire, que si la abuelita fuma,…

Paris volar entre picos– No me diga más. Que se lo han fundido todo, todito, en maquillar sus bonitas cuentas de 2008 para que no cunda el pánico. Y en repartir dividendos a sus accionistas, claro. Porque estamos en crisis, pero no para todos: sus resultados en 2008 han sido los mejores de la historia, y sus accionistas se lo han llevado crudo a su casa gracias a nuestra graciosa aportación pública de liquidez. No, si yo les entiendo… ¡cómo no les voy a entender, hombre, que yo soy de los suyos! Todo sea por evitar la quiebra total de este bonito sistema que tenemos montado. Y, dígame, ¿cuánto dinerito les hará falta entonces, para empezar a repartir la gracia de dios, o séase, inyectar SU liquidez al tejido empresarial y ciudadano con NUESTRA pasta?

– Bah, tampoco tanto: con chorrocientos mil millones a un año al uno por cien ya podríamos ir haciendo algo.

– Pero entonces, si les suelto la guita, ¿me asegura usted, señor respetable banquero, que con ese dinerito que les presto yo -y que viene de los impuestos de los europeos-,  van a empezar a dar crédito a empresas y ciudadanos?

Paris tuilleries concordancia– Eh… bueno, sí, con lo que sobre.

– ¿…?

– Es que de lo que me den ustedes, primero tengo que poner unos depósitos en deuda pública. Ya sabe, para que en nuestras cuentas de 2009 los números queden más bonitos y no parezca que estamos al borde de la quiebra. Pero en deuda pública, eh, no se crea usted, que aportamos nuestro capital a las necesidades públicas, ya sabe usted, don Trichet, que tenemos responsabilidad social corpora…

– ¿Responsa…qué? ¿Depósitos de deuda pública con NUESTRA inyección de liquidez? Ahora entiendo: yo les doy el dinero de la caja pública al 1% y usted lo pone en bonos al 4%. ¡Joder, señor banquero, que esto parece el tocomocho! ¿Se ha pensado usted que los contribuyentes son gilipollas?

– No se ponga así, hombre, que es por el bien de todos. Si nuestros balances no mejoran, ya sabe que es malo para todos: esta crisis es una crisis de confianza. Usted confíe en nosotros, los banqueros, que somos los que mejor vamos a cuidar sus dineros, que es nuestro oficio.

(Las fotos las tomé en París, en diciembre de 2007)

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