El Nilo de la vida.

assuan puesta de sol

 

Tenía pendiente compartir las sensaciones e imágenes, las percepciones personales que acumulé en mi última escapada a Egipto durante la semana llamada santa. Lo prometido es deuda, y socializar lo percibido, aprendido y disfrutado es, para mí, como volverlo a percibir, aprender y disfrutar de nuevo, pero con el valor añadido de compartirlo, de ponerlo en común. Omnia communia, ya sabéis.

El cambio al llegar a Egipto es brutal. No es sólo el clima, el paisaje, el cambio de continente o la historia acumulada en cinco mil años y las piedras que esa historia ha dejado como testigos, mudos y elocuentes a la vez. La sociedad egipcia -por lo que conozco, no es únicamente la egipcia, sino que estas características se dan en otros países árabes- es muy distinta a la europea, por muy mediterránea que aquélla sea. A ver si en cuatro pinceladas -brochazos, más bien- soy capaz de transmitir un poco de ese cambio esencial en la concepción social, el impacto del paisaje y los colores de este bellísimo rincón de la Tierra.

 

luxorLa primera, la evidente, es la monumentalidad y grandiosidad (el calificativo «faraónico» ha quedado como su apropiado sinónimo en todos los idiomas) de los restos históricos de la civilización egipcia, de gran valor no sólo testimonial, historicista, sino también cultural y artístico. Desde el templo de Abu Simbel a las Pirámides de Gizah, pasando por las necrópolis tebanas y los templos de Luxor, todo el Nilo está salpicado de obras arquitectónicas increíbles, de escala mayestática y composición delicada, armoniosos montones de piedras cuya técnica aún hoy nos sigue pareciendo inasequible, increíble. Las pirámides y la esfinge de Gizah es el conjunto artístico monumental más impresionante que he visto nunca, por su tamaño, su ubicación -junto a El Cairo, pero a la vez, metidas en pleno desierto-, el paisaje épico que sugieren, y la sensación de intrascendencia propia en comparación con los miles de años que han soportado indelebles esas piedras.

pueblo nubio bazarPero la percepción más chocante para alguien que lleva sus «gafas de ver en europeo» puestas, más que la grandiosidad de pirámides o templos, es la dominación machista en todos los órdenes de la vida egipcia. Cuesta encontrar mujeres por la calle en actitud «normal«, cotidiana, trabajando, integradas en la vida social y económica del país. Incluso en la hostelería -sector en el que en nuestros países occidentales la presencia de las mujeres es mayoritaria- es raro tropezarse con mujeres ocupando cualquier puesto de trabajo. En El Cairo tuve la suerte de ser acompañado por una guía turística, Ashmed, que explicó bondadosamente su punto de vista, comprensivo y resignado, respecto al appartheid sexual que sufren, utilizando la excusa religiosa, asumiendo que el papel social de las mujeres en el mundo musulmán lo regula la aplicación más o menos rígida o benevolente del Corán. Aún así, incluso respetando supersticiones, creencias o dogmas impuestos por religiones y sectas, sigue haciéndose extraño ver por la calle a las mujeres cubiertas por el burka, el shador, o, en el mejor de los casos, por trajes de chaqueta «occidentalizados» de amplio corte para no marcar formas anatómicas y colores tristemente discretos. La asunción de un papel subordinado, dominado y excluído, arrinconado en el ámbito doméstico, por parte de la mitad de la población me sigue asombrando, aun cuando sea Jesucristo, Alá o Yahvé (interpretados adecuadamente por hombres -siempre hombres- con el poder religioso-sacerdotal en su mano) quien ordene este caracter subalterno en lo social del 50% de la ciudadanía.

niloEn otro orden de cosas, el Nilo marca el país. El río da y quita la vida, como lo ha hecho en los últimos cincuenta siglos, a pesar de la tecnología y las infraestructuras. Una distancia de pocos metros a ambos lados del cauce vital separa el oasis lineal de los desiertos, a este y oeste, las dunas y la despoblación. El vergel lineal, norte-sur, es inevitable en todo el país. Bueno, mejor dicho, en todo el país que se puede ver. Las piedras milenarias salpican, como los puntos ceñidos a una gráfica certera, todo el cauce. Desde AbuSimbel hasta Alejandría, desde la frontera sudanesa al delta mediterráneo, todo discurre alrededor del Nilo. La historia fue colocando los núcleos de poder a lo largo de este río de la vida, sin separarse del carril, discurriendo al norte o al sur, pero ciñéndose al hilo argumental físicamente atado a la línea de las aguas. Incluso las infraestructuras, como el Canal de Suez, marcan hasta en lo económico el sustento hidrodependiente, al albur del peaje interoceánico. Otra historia es el papel de las presas, que ciertamente regulan las crecidas y mejoran las condiciones de vida y producción agrícola, pero de consecuencias ambientales y agrícolas que dudo que estén previstas por los gobernantes: el arrastre de limos por el cauce se ha cortado por las presas, y con ese corte, han cortocircuitado el aporte de riqueza orgánica en las tierras cultivables aguas abajo.

Por último, la sensación de sobreprotección a la que nos someten a los visitantes me dio también qué pensar. Cuesta conseguir que los guías, acompañantes y autoridades policiales permitan escaparse del marcaje en corto, más corto cuanto más al Sur (la frontera con Sudán) y más laxo cuanto más al Norte (especialmente, en la metrópolis cairota). Este pueblo, cuya economía depende en un 50% del turismo, no se puede permitir el lujo de que un atentado terrorista que les deje un par de años con su principal fuente de ingresos disminuida o casi eliminada, y eso se nota: policía y militares cada cuarenta metros en las calles de El Cairo, visitas ya no guiadas sino organizadas en convoyes supervisados militarmente (a horas increíbles, para aprovechar el alba y el ocaso magnánimos climáticamente) que es imposible evitar.

nilo falucas

(Las fotos son, en este orden, del atardecer en la ciudad de Assuan, del templo de Luxor, de un mercado en un poblado nubio cercano a Assuan y de dos lugares indeterminados en la ribera del Nilo entre Assuan y Edfú, tomadas todas ellas entre el 20 y el 30 de Marzo de este 2.008)

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7 respuestas a El Nilo de la vida.

  1. mitxel dijo:

    Buena parte de Egipto ya la conocía usted de sus viajes a París, empezando por la plaza de la Concordia. Oiga, qué expolio… entre faraónico y napoleónico.
    En cuanto a la mujer, pues sí, es cierto, es así de triste, pero al fin y al cabo las tres grandes religiones monoteístas (ergo sectarias y exluyentes)vienen del tronco comúm abrahámico, por lo que no es extraño que allí ocurra lo que aqui ocurría todavía anteayer y, en alguna medida, sigue ocurriendo en tantos niveles de la vida cotidiana…
    Por lo demás, amena y agradable la entrada, aunque me sigue quedando la duda: ¿es cierto que los egipcios siempre caminan de perfil?

  2. fmartinezh dijo:

    Sí, mitxel, y lo que no está en París, está en el British Museum. Doy fe.
    Y también es cierto que los egipcios van siempre de recostadillo, así como de perfil, de mediolao, poniendo las manos en posición caciforme, lateral-receptiva. De ahí el conocido dicho forgiano «hacer el egipcio» aplicado a determinadas aficiones desmedidas e impropias a recibir recompensas ilícitas por favores igual de impropios. Me entiende usté, don mitxel, ¿verdad? 😉
    Lo que no es tan conocido -creo- excepto para quien ha estado por allá, es el ruido tremendo en la ciudad, sobre todo en El Cairo. Una ciudad de veinte millones de habitantes, una metrópoli, la mayor de África y Europa, ya de por sí ha de ser ruidosa, pero es que estos egipcios utilizan el cláxon para lo que nosotros usamos los intermitentes o los destellos de luces, pero multiplicado por cien. Una media de un par de bocinazos cada diez segundos por vehículo a motor. Imagínese, don mitxel: un verdadero infierno acústico.

  3. Almudena dijo:

    Gracias por socializar una vez más, fmartinezh.
    Quizá estoy poco atenta, pero es la primera vez que veo unas fotos tuyas de unos paisajes no urbanos y tan poéticas. Las dos últimas son bellísimas y la última, especialmente agradable.
    Me encanta el humor de mitxel. Gracias también a él.

  4. leolo dijo:

    Por añadir una quinta cosa, a mi me sorprendío la profunda corrupción del régimen y la naturalidad con la que la aceptaba todo el mundo. Y si, coincido, unas fotos soberbias, como siempre Signore Magnun.

  5. fernando_mh dijo:

    Almudena, tienes razón: habitualmente suelo fotografiar paisajes urbanos, no tanto medio natural, pero la poesía está más en los ojos de quienes las veis que en las propias imágenes. Gracias por tus halagos; a mí también me parece que mitxel tiene una chispa especial…

  6. fernando_mh dijo:

    A esa tendencia a la corrupción y a su aceptación con naturalidad es a lo que me refería en tono jocoso en el anterior comentario, leolo, aludiendo al bueno de Forges y su «postura egipcia«. No acumulé demasiadas experiencias al respecto en mi corta estancia, pero daba toda la impresión de que es uso habitual en la sociedad egipcia. La economía, más que sumergida, parece subterránea en un alto porcentaje. Digo yo que será cosa del limitado desarrollo de las garantías jurídicas en las transacciones mercantiles, aunque tampoco hace falta mirar ni muy lejos ni demasiado atrás en el tiempo para ver que estos usos y costumbres están (y estaban) más arraigados de lo que nos gustaría en otros países ribereños mediterráneos, en otras épocas e incluso hoy.
    Salud, compañero.

  7. Pingback: Un breve estudio sobre la potencialidad de la arqueología prehistórica en la República de Sudán - temporamagazine.com

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