La bolsa: ladrillos electrificados.

No soy economista. Vayan por delante mi disculpas por la temeridad opinadora (ya sabéis, la ignorancia es atrevida…), pero cuando las finanzas tocan tan directamente al sector inmobiliario intento abrir las orejas de par en par para entender e incluso anticipar el comportamiento global de este ámbito de actividad profesional que es el mío, el denostado «ladrillo». Así que si digo muchas tonterías perdonadme los expertos financieros por estas reflexiones en voz alta.

Estos últimos días hemos visto una serie de movimientos corporativos frenéticos en la bolsa, acompañados de un crecimiento espectacular de los índices bursátiles y como desde hace unos años, las constructoras e inmobiliarias han sido los protagonistas en gran medida. Las absorciones y OPAs dirigidas a la concentración empresarial (Inmocaral y Colonial, Martinsa y Fadesa), las adquisiciones de capital de compañias de otros sectores, sobre todo del eléctrico, por parte de las constructoras (Acciona sobre Endesa, ACS sobre Iberdrola) o viceversa, entidades financieras o seguros que adquieren «ladrillos» (Caja Navarra en Uralita o Mutua Madrileña sobre Sacyr Vallehermoso) hacen que el común de los mortales nos preguntemos, fundamentalmente, una cosa: y estos movimientos… ¿cómo nos influyen a los ciudadanos de a pie, que aparentemente no tenemos «vela en este entierro», o sea, participación en la bolsa -ni queremos tenerla, por cierto-?

PRIMERA CONSECUENCIA: las plusvalías que durante los últimos seis años de frenesí ladrillesco han acumulado las constructoras e inmobiliarias, y sus socios financieros de soporte (Bancos, Cajas, Aseguradoras y Fondos de Inversión), se van canalizando, ya sea por la vía de la absorción de otras compañías, concentrando su potencia empresarial para sobrevivir a tiempos peores, o ya sea por la vía de la diversificación, colocando los excedentes acumulados en otros sectores (el hotelero, el más compatible y próximo con el ladrillo; o el eléctrico, la estabilidad y seguridad por antonomasia). Creo que de alguna manera este movimiento-refugio-concentración de capital responde a una actitud defensiva respecto al anunciado estallido de la burbuja inmobiliaria. Parece como si se hubiera adelantado unos días el «turning point«, el punto de inflexión, el cambio de signo de la segunda derivada de la gráfica de crecimiento del precio del «ladrillo», adelanto respecto a la fecha anunciada por Ir-, profeta bloggístico-burbujero. O sea, que las inmobiliarias se están blindando ante el cambio de ciclo. Esto, a efectos prácticos, supone la confirmación, con un indicador indirecto más, de que empezamos el ciclo recesivo después de más de seis años de ciclo expansivo continuado. Y todo lo que esto significa, claro…

SEGUNDA CONSECUENCIA: Los «rallies» bursátiles que provocan las supuestas filtraciones de información o sospechas o rumores de futuras fusiones o absorciones proporcionan beneficios rápidos y fáciles a los especuladores que aprovechan su información privilegiada, pero que nada aportan a la generación de valor del proceso de fusión o absorción, sino que reducen en buena parte los recursos que deberían dirigirse a mejorar la capitalización de la sociedad resultante y que se quedan en el bolsillo de especuladores e intermediarios financieros. Estos recursos que se quedan «por el camino», en el fondo, son parte del «juego» de la bolsa, pero no dejan de sorprendernos a los que habitualmente nos movemos en el ámbito de la economía productiva.

Y TERCERA CONSECUENCIA: La concentración -sobre todo de las eléctricas, pero en general, de cualquier proveedor de servicios o productos de consumo- de manera habitual va directamente contra los intereses de los usuarios. Disponer de una o dos empresas que proveen esos servicios, en vez de tener la posibilidad de elegir entre cuatro o cinco o diez, es el resultado opuesto a la teórica finalidad de la privatización que, en el suministro eléctrico, por ejemplo, tuvo lugar en España. Para evitar el monopolio privatizamos. Para optimizar concentramos. Consecuencia: el oligopolio. Lo mismo que el monopolio, pero propiedad privada. Menos posibilidades, más concentración, más clientes cautivos, menos capacidad de decisión del cliente, menos defensa ante acuerdos autoreguladoras de la oferta de los oligopolistas. En resumen, precios más caros para los mismos o peores servicios por falta de competencia, que se suponía que era la razón de la «liberalización». Es público y notorio que no soy precisamente un adalid del sistema económico liberal, pero como respondía en una discusión anterior a Jaizki, no hay nada que me siente peor que la incoherencia, la traición a los principios del sistema para beneficio de algunos, incluso sin compartir esos principios ni el propio sistema.

Agradecería, si me he equivocado mucho en estos pensamientos en voz alta (y si no, también), la aportación de vuestras opiniones, seguro que más cualificadas que las mías.

(Las fotos son de varios mercados en Guatemala, tomadas en el verano de 2005. No se parecen mucho a Wall Street ni a la Bolsa de Madrid, pero…)

ACTUALIZACIÓN: 02.10.2006 – 20:19:

Un artículo de Jesús Cacho, en El Confidencial, «Los reyes del rectificado«, explica bastante mejor que yo un montón de cosas sobre esta electrificación ladrillesca. Recomiendo su lectura atenta.

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5 respuestas a La bolsa: ladrillos electrificados.

  1. David dijo:

    Parece ser que todo el dinero de las constructoras no proviene del ladrillo.
    Al menos eso dice Urbaneja

  2. fernando mh dijo:

    David, puede ser cierto que no todo el dinero «disponible» de las constructoras e inmobiliarias venga del «ladrillo», pero creo que sí una gran parte. Las inmobiliarias, sobre todo, pero también las constructoras, han hecho dinero a espuertas durante este último decenio. Y esa sobreabundancia de recursos, esa super-liquidez, es la que creo que provoca la incursión en otros sectores y la tendencia a «comprar todo lo que se mueva», diversificando hacia eléctricas o hacia lo que sea.
    Como ya decía al principio del post, es posible que el análisis económico de este asunto sea erróneo por mi ignorancia supina en esta ciencia. Pero sobre las afirmaciones de Urbaneja sobre lo que es ladrillo y lo que no tengo mi propia opinión, que no es del todo coincidente con la suya.

  3. Jose+Manuel dijo:

    Una cosa es no entender los intríngulis del sistema y otra es ser tonto. Y eso si que no. La supuesta «liberalización» de los mercados en pos del beneficio ciudadano se ha revelado siempre como la gran mentira. Lo que persigue esa liberalización es que el beneficio vaya a manos privadas. Es decir, a los de siempre. Y a costa de los de siempre. Es decir, nosotros, los que apoquinamos, a quienes nos dejan las suficientes migajas para convertirnos en los más acérrimos defensores del sistema. Estómagos agradecidos que somos. Plateas en cualquier discusión la posibilidad de un sistema socialista (de los de verdad), y te sacan lo ojos. Los mismos que luego lloran cada vez que llenan el depósito del coche, pagan la luz o quieren comprarse una vivienda. Ya sé que parece demagogia de la más barata lo que digo. Pero no por eso menos cierto.

  4. Oscar Reales dijo:

    Para aquellos interesados en los movimientos del mercado, os dejo un enlace a una clase de PHP gratuita que permite tener datos bursatiles en tiempo real en vuestra pagina web

  5. Muy bueno Jose manuel, totalmente de acuerdo contigo.

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