“Coge el dinero y corre”: fábula vasca de deslocalización industrial.

Érase una vez un pueblo de las encartaciones de Bizkaia, en el valle del Cadagua. En este pueblo, que llamaremos Güeñes, por ejemplo, por llamarlo de alguna manera, había una fábrica que daba trabajo a la mayoría de sus habitantes. Supongamos que esa empresa multinacional, que daba empleo a casi 200 personas, se llamaba Reckitt, y que manufacturaba una gran parte de los productos de limpieza y de consumo más conocidos del mercado, y que tenía unos resultados económicos magníficos.

Sin embargo, vamos a pensar que ocurrió que la dirección de la multinacional se dió cuenta de que le salía mucho más barato fabricar sus productos en otros pueblos donde podría conseguir la mano de obra más barata. Esto no era nuevo en el país, y otras empresas ya habían hecho lo mismo o habían amenazado con irse si los trabajadores se obstinaban en tener unas condiciones de trabajo “occidentales”, puesto que la producción podría ser menos rentable que en las condiciones de trabajo de países menos “desarrollados”. A esto las multinacionales no lo llamaban usura, ni deslealtad, ni injusticia social, ni irresponsabilidad con la comunidad, sino que eufemísticamente lo llamaron “deslocalización“. Esta técnica consistiría en llevarse la producción a sitios donde se produce más barato, y donde las normativas medioambientales y de seguridad son menos estriictas, aunque las ventas de los productos que fabrica se den, fundamentalmente, en aquellos lugares donde el nivel de consumo -y las condiciones de trabajo y normativa medioambiental, claro- es más alto. Deslocalizarían la producción, pero no las ventas, claro.

Además, y a la vez, ocurrió que la empresa, que tenía unos terrenos junto a la fábrica que inicialmente había pensado que podría utilizar como futura ampliación de sus instalaciones, consiguió del Ayuntamiento que gobernaba el pueblo la reclasificación de esos terrenos. El suelo que compró por menos de un millón de euros en 1.999 lo vende ahora a una promotora inmobiliaria por más de seis millones, dado que el Ayuntamiento le permite ahora construir 148 viviendas en vez de utilizarlos para ampliar su fábrica. Este cambio de usos -y su incremento de precio- tuvo que ser necesariamente autorizado por la Diputación de Bizkaia, aunque la Diputación ha declarado que no tiene nada que ver el cierre con la materialización de esas jugosas plusvalías inmobiliarias.

Sin embargo, vista toda la sucesión de hechos, parece evidente que este “pelotazo” inmobiliario de cuento, de fábula (fabuloso 700% de incremento en sólo siete años), desde luego, no ha ayudado a que la empresa permanezca con un proyecto industrial de futuro en su actual ubicación, sino que, al revés, habría sido el detonante de la espantada hacia tierras lejanas.

En estos últimos días parece que la empresa ha ofrecido algún tipo de compensación, recolocación o salida no traumática para parte de los trabajadores, pero lo que a todos los habitantes de este pequeño país creo que nos ha quedado claro una vez más es que los intereses de las empresas son muchas veces contradictorias e incompatibles con los de la comunidad, y que la llamada “responsabilidad social corporativa“, tan de moda últimamente, no siempre es la guía de la actividad de las empresas sino que priman los intereses puramente económicos y muchas veces, únicamente especulativos y nada sociales.

Si a esa falta de conciencia social y contraposición de interés general e interés particular de una corporación sumamos el error -por no pensar mal- de otra corporación, esta vez la municipal, sobre la que recae la responsabilidad de regular el urbanismo,  el uso y el valor, por tanto, de los terrenos, tenemos como resultado un efecto de deslocalización que se nos puede contar como un fenómeno natural, una catástrofe inevitable, pero que nada tiene que ver con las contingencias de la naturaleza, sino con la voluntad y/o negligencia de personas concretas.

No, la deslocalización de empresas no es como un ciclón, un terremoto o una sequía, fenómenos naturales incontrolables. Y la prueba es este cuento, imaginario en un país imaginario, en el que la conjunción de las circunstancias, voluntades y errores institucionales han provocado o permitido que se produzca. Hablo de “errores” porque pienso que ningún gobernante habría sido capaz de lucrarse ilícitamente favoreciendo esta espantada industrial. Quizás sea ingenuo, pero esto es un cuento, una fábula.

Veremos cómo acaba este cuento tan triste hasta ahora. Ojalá que al final, colorín colorado, los trabajadores de Reckitt sean felices y coman perdices, se solucione de manera satisfactoria su situación laboral y no ocurra lo que suele ocurrir: que la empresa finalmente coja el dinero y corra, como el Diputado de Administración Pública de la Diputación Foral de Bizkaia declaraba el domingo pasado:

“lo que pasa es que creo que ellos han tenido la oportunidad de hacer caja, la han cogido y se marchan porque no quieren arriesgarla”

Lo malo es que asumimos esto como “natural”, lo esperable: que las empresas aprovechen el momento para “hacer caja”, “recoger beneficios”, o sea, “coge el dinero y corre“.

¿No hay manera de evitar esto?

¿Quién debe mandar, en caso de contradicción, el mercado o el interés general?

(las fotos son de Budapest, al hilo de las últimas movidas que tienen lugar por allá en estos días)

Esta entrada fue publicada en política, urbanismo y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

13 respuestas a “Coge el dinero y corre”: fábula vasca de deslocalización industrial.

  1. Jaizki dijo:

    Te falta explicar un par de detalles, el terreno lo compraron para ampliar la planta y no se les concedieron los permisos necesarios.
    Siendo conservadores, Reckitt se gasta más de 6 millones de euros al año en los salarios de sus 194 trabajadores. Estoy seguro de que las plusvalías de la venta de los terrenos le vienen muy bien a su cuenta de resultados, pero veo difícil creer que sin ellos no hubiera habido deslocalización.
    Por cierto, no recuerdo manifestaciones cuando esas empresas dejaron sus países de origen y vinieron a instalar aquí, porque era más barata la mano de obra.
    Por último, recuerdo que evitar esas medidas está en manos de todos los consumidores, por ejemplo, eligiendo comprar productos de fabricación nacional, aunque sean un poco más caros. Pero si compramos a los chinos porque sale más barato, no es lógico que nos quejemos cuando se llevan las fábricas a China.

  2. El ayuntamiento de Güeñes tenía que haber pedido compensaciones a Reckitt a la hora de recalificar los terrenos. Por ejemplo, un contrato de permanencia en la ciudad. Si no lo hizo, o son unos incompetentes o aquí ha habido algo raro.
    De todas formas, las multinacionales son así. Va a su bola y pasan de todo. Espero que por lo menos este tipo de cosas sirvan para aprender la lección. En vez de dar tantas ayudas para que vengan empresas de fuera, hay que apostar por la gente de aquí, que es mucho más difícil que se vaya.

  3. Jaizki dijo:

    José, me parece que esta vez no coincidimos en nada. 😉
    No creo que el ayuntamiento tenga que pedir ninguna compensación. Se supone que recalificó el terreno porque interesaba construir casas en esa zona, no por quién era el dueño del mismo. ¿Acaso cuando se recalifica el terreno de una promotora los ayuntamientos exigen que se contrate únicamente a vecinos del pueblo y que se gasten las plusvalías en comercios de la localidad?
    En cuanto a lo de que “las multinacionales son así. Va a su bola y pasan de todo”, creo que es no es cierto, las multinacionales tienen muy claro lo que buscan: maximizar los beneficios. Sabemos las reglas del juego, si queremos que les interese producir aquí, habrá que comprar lo que se produce aquí. Así de claro.
    Respecto a las ayudas, Reckitt no ha recibido ninguna ayuda en un montón de años. Y definitivamente, la recalificaciones no es una ayuda. Si lo fuera, sería claramente ilegal y un caso de prevaricación.
    Por último, creo que el Estado no debería dar ayudas a nadie, ni de aquí, ni de allí, lo que debería hacer es reducirse a la mínima expresión y dar facilidades legales a los emprendedores y a los inversores. El dinero público para ayudas suele servir para que vivan de ellas empresas que en el mercado son incapaces de alcanzar la rentabilidad.

  4. fernando mh dijo:

    Jaizki, no he dado muchos detalles porque mi relato quería ser una fábula, un cuento imaginado, genérico, sobre los males de la deslocalización industrial cuando se junta con la especulación inmobiliaria, y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia ;-).
    Ahora bien, si te refieres al caso concreto de Reckitt Benicker y su espantada de Güeñes y dices que compraron el terreno para ampliar y que “no les dejaron”, creo deberías recopilar y cotejar algún dato más, como por ejemplo las razones por las que no pudieron hacerlo, fundamentalmente medioambientales e hidráulicas. Y que cuando lo compraron no era apto para ampliar la fábrica, puesto que era rústico, no urbanizable. Quizás esa sea una de las razones por las que han decidido irse a Polonia o a otro país menos restrictivo en materia de medio ambiente y policía de aguas.
    Sin embargo, estoy totalmente de acuerdo con Jose del Moral, aunque más que “compensaciones”, yo llamaría “garantías” a lo que el Ayuntamiento debería pedir a quien concede una recalificación que supone un incremento del valor de sus terrenos tan notable. Garantías de que no va a coger el dinero y se va a ir con él, dejándonos a todos con cara de bobos.
    Sï coincido con Jaizki en que la recalificación no es una “ayuda”, strictu sensu, pero esa decisión, que debe basarse en el interés público, y si supone un lucro para un particular, la obligación de la administración es exigir las garantías para que, en la medida que la ley la obliga, ese lucro revierta en el bienestar del conjunto de la sociedad. Porque el urbanismo es una función pública, y los beneficios de las decisiones de la comunidad han de revertir, esencialmente, en la comunidad. Eso dice la constitución, al menos.
    Y sobre el controvertido tema de las ayudas, aunque no sea tema del post y venga un poco por los pelos, me gustaría que los verdaderos liberales -y he de suponer que Jaizki es uno de ellos, por sus comentarios- fueran coherentes, y que exigieran que no se proporcionen ayudas a las empresas en ningún caso. Porque no es la primera vez que oigo a supuestos liberales exigir que los gobiernos no “metan mano” en sus beneficios, pero en seguida piden ayudas públicas para enjugar sus pérdidas o solucionar sus quiebras. Aunque no soy precisamente partidario de esa teoría económica y política de hace dos siglos, reconozco al menos la coherencia como un valor, y es de agradecer que quien no quiere que papá estado intervenga sus ganancias tampoco pida ayuda de los demás para repartir sus pérdidas.

  5. Qué peligro!!! ya estoy viendo en el horizonte otro gran debate “a tres” (como mínimo) sobre el liberalismo y sus beneficios y/o problemas… os atrevéis?

  6. fernando mh dijo:

    Por mi parte, no hay miedo, pero deberíamos “inventar” otro sistema,para evitar el lío de estar en tres blogs a la vez repitiendo argumentos.
    Coincidir en un post inicial semi-vacío, consensuado, con la exposición del problema o el dilema, y poder debatir de alguna manera equitativa… definitivamente, me faltan recursos técnicos para montar algo así, pero se aceptan sugerencias. ¿Tal vez el WIKI?

  7. Jaizki dijo:

    Sobre lo del debate a tres, yo encantado de participar, aunque coincido con Fernando en que lo de estar en tres blogs es un poco lío.
    Es completamente cierto que el problema para la recalificación de esos terrenos para uso industrial era medioambiental. Afectaban al curso del río. Evidentemente metieron la pata en la compra, y si esos terrenos no los hubiera recalificado el ayuntamiento, no les habrían servido para nada.
    El comentario sobre las políticas medioambientales y de aguas, me parece un poco demagógico. Hablar de presuntas razones oscuras sin ninguna prueba, es una forma de difamar pero sin mojarse.
    Si a todas las promotoras y constructoras se les han exigido garantías equivalentes por las plusvalías que han obtenido en la recalificación de sus terrenos, entenderé totalmente correcto que se exija lo mismo a Reckitt.
    Pero creo que el ayuntamiento no debería pedir al propietario de un terreno más garantías por el hecho de ser una empresa extranjera con posibilidades de deslocalizarse, de las que pediría en cualquier otro caso. Ese tipo de comportamientos, suponen un problema grave de inseguridad jurídica.
    Está claro que quien defiende que existan ayudas del Estado para las empresas, no debería autodenominarse liberal. Pero, intentar enfangar a todos los liberales por el comportamiento de algunos que dicen serlo, no me parece juego limpio en un debate.
    En cualquier caso, otro tema distinto, es si un liberal debería renunciar a reclamar ayudas para su empresa cuando el Estado las está concediendo a otras.
    Por último, aunque tengo ideas liberales, como defender un Estado mínimo no intervencionista, no puedo presumir de ortodoxia liberal, mis ideas son fruto de experiencia, no de seguir una ideología a pies juntillas. Y por la misma razón, cambian con el tiempo.

  8. fernando mh dijo:

    Jaizki, no era mi intención ofender o difamar a nadie, y si lo he hecho con mis palabras desde ahora pido disculpas, porque no era lo que pretendía en absoluto.
    Desde mi puinto de vista, y con el ánimo de aclarar mis anteriores palabras, pienso que lo que deben hacer los ayuntamientos, en todos los casos, antes de recalificar suelos y propiciar una extraordinaria plusvalía para su dueño es, sea quien sea su propietario, intentar que esa plusvalía revierta en la comunidad y no se apropie de ella únicamente el propietario del suelo.
    Además, si ese propietario además de tal es una persona física o jurídica titular de una actividad empresarial con un impacto importante en el tejido social y de empleo de su pueblo, la responsabilidad de ese gobernante municipal que otorga las plusvalías urbanísticas en nombre de su comunidad es velar para que esa plusvalía se utilice, igualmente, para el bienestar común, no como aliciente para la deslocalización o la realización inmediata de plusvalías urbanísticas simultánea a la espantada. Es decir, sea multinacional o cooperativa de vecinos del pueblo, antes de otorgar recalificaciones a empresas los alcaldes o concejales de urbanismo deberían garantizar que esas recalificaciones y sus consecuentes plusvalías no van contra los intereses de su propio pueblo, sino que jugarán “a favor” del interés general, con garantías de permanencia de la actividad, la inversión de las plusvalias obtenidas y el empleo.
    O sea, si con la actividad urbanística lo que haces es destruír empleo por la vía de la deslocalización, incentivada por la plusvalía obtenida, el urbanismo está jugando exactamente el papel contrario al que dice la constitución y el resto de leyes vigentes.

  9. Jaizki dijo:

    Fernando, no me has ofendido en absoluto, al contrario, discúlpame si he sido demasiado vehemente respondiendo a tu comentario.
    Entiendo tu postura de reclamar que la plusvalía por la recalificación de un terreno revierta en la comunidad. De hecho, comparto parcialmente esa postura, siempre que se aplique a todos por igual, puesto que entiendo que evitaría muchos casos de corrupción. Sin embargo, entiendo que esa medida debe ir acompañada de otra, el escrupuloso respeto a la propiedad privada. El dueño de un terreno, debería tener libre disposición del mismo.
    Si yo tengo una huerta en la que cultivo mis árboles, no debería poder venir el ayuntamiento, decir que lo que era rural es urbanizable, y obligarme a vender. Ni a precio de terreno rural, ni a precio de terreno urbanizable.
    En cuanto a que la actividad urbanística contribuya a destruir empleo, sigo pensando que en casos como este, la deslocalización se habría producido igualmente aunque no hubiera habido recalificación. La solución no está en la más o menos acertada política urbanística -lo cual no significa que no la considere importante-, si no en un planteamiento serio sobre la sostenibilidad de nuestro modelo económico.

  10. Jon Maese dijo:

    Sería interesante que ese “escrupuloso respeto a la propiedad privada” fuera compatible también con el interés público, mucho más teniendo en cuenta que las empresas multinacionales que llegan a nuestras tierras disfrutan de todo tipo de subvenciones y exenciones fiscales que repercuten en el bolsillo del contribuyente. Cuando una iniciativa privada recibe dinero público, deja de ser un proyecto exclusivamente privado para adquirir un compromiso público.
    Nunca sabremos lo que habría ocurrido con la planta de Reckitt Benckiser de Güeñes si no hubiera existido esa maniobra urbanística, pero no deja de ser humillante que el propio ayuntamiento encartado haya patrocinado la huida de la multinacional con una recalificación de ese calibre. Podemos además reflexionar sobre circunstancias bastante sospechosas, como por ejemplo, que en ese desarrollo urbanístico de Güeñes no se hayan contemplado los porcentajes de vivienda protegida establecidos en la Ley del Suelo. Si se hubiera apostado por construir Vivienda de Protección Oficial en los terrenos contiguos a la planta de Reckitt Benckiser, la plusvalía obtenida por la empresa habría sido menor, y quedaría en parte despejada la poca credibilidad que tiene ahora mismo la corporación municipal de Güeñes al completo. Nadie pondrá en duda que detrás de este proyecto se esconde el Plan Foral de Vivienda que la Diputación de Bizkaia ha empleado machaconamente como arma arrojadiza contra la gestión de Ezker Batua en el Departamento de Vivienda del Gobierno Vasco.
    Ahora, los trabajadores afectados son cerca de 300 -que nade olvide los empleos indirectos que generaba la planta de Güeñes- y la cuchillada que ha recibido nuestra comarca encartada tardará en restañar. Partimos desde esa realidad para enfangarnos en un debate más complejo: vivienda, Europa neoliberal y canibalismo político. Que no nos pase nada.
    http://enkarterrigorria.blogcindario.com/categorias/9-guenes.html

  11. fernando mh dijo:

    No me cansaré de repetirlo por activa, por pasiva, perifrástica o subjuntiva: EL URBANISMO ES UNA FUNCIÓN PÚBLICA. A pesar [y a veces, en contra] de los neoliberalismos pseudoeuropeizantes o yanquidólatras. Lo dice la Constitución. Todo lo que hagan las administraciones o los privados, en nombre del urbanismo, y que no persiga el bien común, está viciado de inicio.
    Jon, gracias por la información “cercana” sobre esta fábula que, lamentablemente, es demasiado real para demasiada gente.

  12. PAQUITA dijo:

    He cogido tu artículo y corriendo lo he publicado en mi blog. Espero que no te moleste. Entré a través de Júcaro y su blog de nombre 14 de abril.
    Buen día y buen artículo. PAQUITA

  13. fernando mh dijo:

    @PAQUITA: no me molesta en absoluto, al revés, es un honor y celebro que el artículo te haya parecido suficientemente interesante como para colgarlo en tu blog. Gracias por pasarte por aquí, por el enlace y por los halagos. Seguiré con interés tu blog.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s